jueves, 13 de enero de 2011

Katherine Mansfield

Escribir cuentos no suena tan importante como ser novelista, incluso podría sonar infantil, pero justo por su brevedad los cuentos me parecen obras de arte de la literatura, hay que enganchar y saciar al lector y no suele sobrar nada. Katherine Mansfield es una de las grandes, sus historias son comunes y costumbristas, muy al contrario que su vida. Nació en Nueva Zelanda y murió en Francia a los 34 años.

Era una chica pálida y morena, con una personalidad entre ingenua y decadente, se instaló en Londres a los dieciocho años después de una infancia marcada por su avidez lectora y una adolescencia rebelde que le ocasionó roces familiares. Para Katherine entablar relaciones con el entorno era crear un malentendido. Su ansia de independencia y avidez de experiencias no casó ni con su escasa preparación para la vida (la educación de las chicas burguesas no era muy práctica por aquel entonces), ni con su carácter frágil y enamoradizo.

Esto último fue, lógicamente, lo que más problemas le causó, mantuvo relaciones con las escritoras Ida Baker (amistad que conservó durante toda su vida) y Beatrice Hastings. Se casó con George Bowden y lo abandonó la misma noche de bodas. Quedó embarazada de un joven llamado Garnet Trowell, aunque luego tuvo un aborto natural. También en ésa época su madre la desheredó y mantuvo una relación con un traductor polaco que posteriormente la chantajearía. En esos años accidentados conoció a John Middleton, su principal pareja.

No consiguió adaptarse a la sociedad Londinense ni encontrar suficientes motivos como para volver a casa, la suya fue una vida desarraigada, inconformista e incomprendida.

La mayoría de sus cuentos giran alrededor del gran tema de la incomunicación, la incapacidad para ser comprendidos por los demás o comprender a los otros.

“John y yo sólo somos un sueño de lo que podríamos ser”. Aquí tenemos otro de sus temas recurrentes, la inferioridad de la vida respecto al deseo o a lo que esperamos de ella. Frase que escribió al poco de morir de tuberculosis.

“Katherine Mansfield no gustaba ni como escritora ni como persona, pero ha sido admirada por ambas cosas en la actualidad. “ Ésta frase de Claire Tomalin resume la incapacidad de Katherine para presentarse como una persona más o menos válida, más o menos adecuada ante quienes (ya fueran familia, amigos o parejas) le devolvían una imagen que ella misma proyectaba en sus conciencias. Ésta imagen, la que ellos le devolvían, nunca coincidió con la que ella quiso darles.

Pobre Katherine, vivió sola y murió como todos.

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